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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Con-sumo cuidado



Como es de sobra conocido, hoy en Europa hay convocada una jornada de paros parciales y movilizaciones por parte de la Confederación Europea de Sindicatos. Además, se va a dar también en la Unión la opción elegida por los sindicatos mayoritarios de España y Portugal, la convocatoria de huelga general. La huelga es un derecho democrático fundamental, legalmente avalado por nuestra Carta Magna en su artículo 28.2, donde se recoge de la siguiente forma: “Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses. La ley que regule el ejercicio de este derecho establecerá las garantías precisas para asegurar el mantenimiento de los servicios esenciales de la comunidad”. Es interesante tener en cuenta la ley en todo momento, sobre todo porque mientras que la opción de los trabajadores de acudir a la huelga es un derecho, también lo es la libre elección de secundarla o no; teniendo obligación de prevalecer, en todo momento, su derecho de libertad de elección. El problema surge cuando esto no se cumple.

En primer lugar, es muy preocupante que en España, durante los siete años de Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, ningún sindicato abriera la boca para quejarse del aumento descontrolado del número de parados; que ningún agente sindical criticara las medidas tomadas por el gobierno para paliar la lacra del desempleo y el drama de las familias. Y ahora, cuando peor está la situación, cuando la herencia recibida se refleja en las terribles cifras de paro y déficit que repercuten directamente en nuestra prima de riesgo, y en la confianza que depositan los mercados internacionales para financiar a nuestro país. Ahora, aparecen los sindicatos y se preocupan por hacer a marchas forzadas, el trabajo que no hicieron en el momento oportuno, amén de echarle la culpa a quien verdaderamente no la tiene, el actual gobierno de Mariano Rajoy. Quien está haciendo lo indecible para mejorar las condiciones de los trabajadores, con la publicación de la Reforma Laboral, así como luchando por acabar con el drama de las familias que tienen todos sus miembros en paro y dificultades para llegar a fin de mes; y mirando hacia el futuro para que este drama no afecte a las generaciones venideras de nuestro país, nuestros jóvenes.

Y en segundo lugar, lo que es más alarmante, es que desde ciertos sectores sindicales que apoyan la huelga de hoy, se defienda la obligación a secundarla, no solo por medio de la entrada en escena de los mal llamados “piquetes informativos”; que a día de hoy, en el siglo XXI, y con los avances tecnológicos que existen en el ámbito de las comunicaciones y la información, es inexplicable que sigan existiendo, más si cabe, después de los últimos acontecimientos de las anteriores huelgas y movilizaciones sindicales, en las que quedó demostrado que lo último que hacen es informar sobre las condiciones de la huelga. Sino también, porque concretamente desde ciertas ONGs de consumidores se está alentando a hacer una huelga total de consumo, esgrimiendo para ello un decálogo de las acciones que debe llevar a cabo todo consumidor, y que en este caso para ellos es no consumir, paralizando el comercio en su totalidad.

Aquí viene lo más preocupante, y es que llevando a cabo esta medida perjudican no solo a la confianza en nuestra economía, sino también y más aún, lesionan la economía directa de las familias de trabajadores autónomos, pequeños y medianos comerciantes, que no se pueden ni permitir cerrar ni un día de huelga. No solo ya les cierran el negocio, sino que también les ahuyentan a los clientes.