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miércoles, 3 de julio de 2013

Chiringuito 2.0


¡Ya tenemos aquí las vacaciones! Es comenzar a cambiar el tiempo y nuestra actitud ante la vida se modifica. Nuestro cuerpo incluso llega a funcionar al ralentí dependiendo de la hora del día en que nos hallemos. Nuestros hábitos de vida se alteran, los días son más largos, tenemos más tiempo para estar con esas personas que no vemos durante el resto del año, comemos a deshoras, donde sea y lo que sea, llegamos a perder la noción del tiempo y el espacio por tratar de desconectar de esa actividad que monótona nos acompaña diariamente. Vemos la vida de otro color, tanto, que los colores que nos visten cambian; la ropa se reduce, el cuello vuelto y la manga larga dejan paso a esa piel que, de tonalidades más propias de la moda decimonónica, pasará en unos días a codearse con colores más próximos al del inglés veraneante en Benidorm, antes de adquirir ese color cobrizo justo días antes de que acabe la temporada de baño y haya que volver a las aulas –sé que más de uno a esta última palabra escrita le ha puesto una jota delante, prometo no hablar más de ellas en este post–.

Llega el momento de elegir cómo cambiar de aires, y a no ser que uno viva en Granada, donde tiene el privilegio de tener ambas cosas a treinta minutos de distancia… ¿playa o montaña? Todos sabemos que el turismo de interior, del que me confieso fiel seguidor, está teniendo muchísimo tirón últimamente. Pero no nos hagamos ilusiones ni llevemos a engaño, la reina del verano, y más aquí en España es la señora playa. Y no es por caer en los tópicos estereotipados, pero si ustedes escriben en un papel “playa”, “paella”, “sangría” y “Manolo”, y debajo ponen “dígame el país”, el cien por cien de los encuestados terminará poniendo “España”. Así que no tardemos más, ¡vámonos a la playa! Es oírse esta frase en más de un hogar de nuestro país y como por arte de magia comenzar a desarrollarse una compleja labor de logística, digna de la más secreta incursión militar; en la que los parámetros principales de la misión son contabilizar cuántos son los miembros a movilizar, elegir el vehículo de campaña, y preparar toda la impedimenta a trasladar hasta el punto más cercano a la orilla. Tanto si planeamos la misión a varios días vista, como si espontánea y unilateralmente decidimos conquistar la orilla más cercana, tendremos que llevar a cabo la puesta a punto de toallas, sillas, bañadores, cremas, nevera, víveres, bebida, sombrilla, palas, cubos, gorras, gafas y alguna lectura, que tras ubicarlas ordenadamente en el maletero del coche, como si una partida en el nivel décimo del Tetris se tratara;  nos serán de gran ayuda para hacernos pasar un buen rato de playa, entre vuelta y vuelta de sol, con su baño incluido, siempre que las medusas nos lo permitan.

Pero los tiempos han cambiado, y ahora hay que darle la bienvenida, como si de un artilugio más de playa se tratara, al que se está convirtiendo en un apéndice imprescindible para muchas personas en estos tiempos modernos, la navaja suiza del siglo XXI, ¡las “tablets” y “smartphones”! Porque ¿cómo íbamos a ser capaces antes de llegar a la playa sin que el GPS no nos indicara el camino y el estado del tráfico en nuestras carreteras? ¿Cómo íbamos a averiguar hace unos años en qué playa hacía buen tiempo, viento favorable y ausencia de medusas sin consultarlo previamente en internet? ¿Cómo íbamos a aventurarnos a ir a algún chiringuito sin que el mismo apareciese recomendado en la aplicación “Guía de gastrobares a pie de orilla”? Y así podríamos seguir hasta donde el ingenio humano alcance. Pero el problema no es que la tecnología esté introduciéndose en ámbitos de nuestra vida cotidiana para hacérnosla más fácil a una velocidad luminosa; sino que esta tecnología que se nos brinda como una herramienta de ayuda en el trabajo y el ocio, se está convirtiendo en algo imprescindible para muchas personas, desplazando y perdiéndose con ello, en algunos casos, la esencia singular de que el ser humano es un ser social por naturaleza, y no tecnológicamente. Por ello, antes de ver si es imprescindible que nuestro chiringuito tenga conexión wifi durante nuestras vacaciones, parémonos a pensar si queremos que el día de mañana nuestros hijos hagan castillos de arena en una aplicación desde sus tablets sin salir de casa. Pero no nos agobiemos que ya tenemos aquí las vacaciones… ¡y toca disfrutarlas!



miércoles, 12 de diciembre de 2012

Cuestión de fe



Llega la Navidad, y los más recónditos lugares de los pueblos y ciudades de nuestra geografía se llenan de símbolos que nos recuerdan la llegada de esta festividad. Por cuestiones diversas habrá más o menos adornos, en comparación con otros años; pero rara será la calle, plaza o establecimiento público o privado que se prive de recordarnos que nos encontramos en Navidad. Las causas pueden ser variadas, bien para evadir la mente de otros pensamientos más aciagos, dadas las circunstancias, o hacernos recordar a todos que en estos días hay mucha gente que pasa grandes dificultades; bien por incentivar el consumo, tan necesario para nuestros comercios en estas fechas; o bien para acompañar a los más pequeños a ser felices en estos días de vacaciones. Nos encontramos por doquier belenes, árboles, estrellas, ángeles, Niños Jesús, Reyes Magos, papanoeles, caganers y hasta bueyes y mulas. Pero si, por otro lado, a las causas esenciales nos remitimos, la primordial de todas ellas es la que hace referencia a la tradición religiosa. El rito de rememorar año tras año el nacimiento de Jesús de Nazaret, símbolo máximo de la religión cristiana, es lo que se celebra todas las Navidades, acompañado de sus correspondientes actos litúrgicos. Convirtiéndose esta época en una de las festividades más importantes del cristianismo, junto con la Pascua de resurrección y Pentecostés.

Es bastante interesante señalar como en nuestro continente, y a lo largo de tantos siglos, se ha dejado constancia de esta festividad de tan diverso modo. A las ya nombradas celebraciones navideñas de la Natividad, Epifanía, Santos Inocentes… hay que añadir la plasmación de esta festividad en las diversas artes. Siendo ingentes en cuanto a número de autores de reconocido prestigio, los que tratan el tema navideño en sus obras; ya sean literarias, pictóricas, musicales, cinematográficas o televisivas. Y una vez que se deja constancia de ella en el mundo artístico, surgen nuevas tradiciones, como lo es la de la felicitación navideña por medio del mensaje escrito. Y es que con el paso de los años, se instauró la moda de felicitar a los seres queridos por medio de cartas, acompañadas de reproducciones pictóricas representativas de la época navideña, descubriéndose con ella la tradición de las postales. Y como no era de extrañar, las representaciones pictóricas más características de la Navidad eran aquellas que plasmaban la escena de la Sagrada Familia en el Portal de Belén, acompañada por los pastores y los Reyes Magos, y que rápidamente se convirtió en símbolo máximo del periodo navideño; reproducido hasta la saciedad y en sus más diversas variantes, llegando incluso a perder, en algunos casos, el componente religioso primigenio.

Con el paso de los años las nuevas tecnologías dieron lugar a nuevas herramientas de comunicación que hicieron las distancias más cortas y que mutaron las formas de relacionarnos con los demás interlocutores. Hay que recordar de hecho, que el primer mensaje de telefonía móvil enviado en la historia, llevaba como mensaje el siguiente texto: “Merry Christmas” (Feliz Navidad), y que fue mandado hace exactamente 20 años. Y con los mensajes de móvil llegaron los multimedia, en los que podías añadir audio, vídeos o fotografías. ¿Cuántos no lo hicieron con un villancico o una imagen de las mencionadas postales? Internet evolucionó y lo revolucionó todo con la aparición de las redes sociales Facebook y Twitter, en cuyos muros podías colgar tus felicitaciones acompañadas, cómo no, otra vez más, de aquellas mismas imágenes religiosas, símbolos de la Navidad; tal y como hizo ayer el Presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, al felicitar la Navidad desde la nueva cuenta Twitter del Congreso. Y con ella volvieron los de siempre, los inventores del bautismo laico, con la salmodia de la crítica por el uso de una imagen religiosa en una institución. ¿Qué harán ellos si el día 22 de diciembre les toca la Lotería? Capaces serán incluso de desgastar la imagen del boleto de tanto beso.