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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Cuestión de fe



Llega la Navidad, y los más recónditos lugares de los pueblos y ciudades de nuestra geografía se llenan de símbolos que nos recuerdan la llegada de esta festividad. Por cuestiones diversas habrá más o menos adornos, en comparación con otros años; pero rara será la calle, plaza o establecimiento público o privado que se prive de recordarnos que nos encontramos en Navidad. Las causas pueden ser variadas, bien para evadir la mente de otros pensamientos más aciagos, dadas las circunstancias, o hacernos recordar a todos que en estos días hay mucha gente que pasa grandes dificultades; bien por incentivar el consumo, tan necesario para nuestros comercios en estas fechas; o bien para acompañar a los más pequeños a ser felices en estos días de vacaciones. Nos encontramos por doquier belenes, árboles, estrellas, ángeles, Niños Jesús, Reyes Magos, papanoeles, caganers y hasta bueyes y mulas. Pero si, por otro lado, a las causas esenciales nos remitimos, la primordial de todas ellas es la que hace referencia a la tradición religiosa. El rito de rememorar año tras año el nacimiento de Jesús de Nazaret, símbolo máximo de la religión cristiana, es lo que se celebra todas las Navidades, acompañado de sus correspondientes actos litúrgicos. Convirtiéndose esta época en una de las festividades más importantes del cristianismo, junto con la Pascua de resurrección y Pentecostés.

Es bastante interesante señalar como en nuestro continente, y a lo largo de tantos siglos, se ha dejado constancia de esta festividad de tan diverso modo. A las ya nombradas celebraciones navideñas de la Natividad, Epifanía, Santos Inocentes… hay que añadir la plasmación de esta festividad en las diversas artes. Siendo ingentes en cuanto a número de autores de reconocido prestigio, los que tratan el tema navideño en sus obras; ya sean literarias, pictóricas, musicales, cinematográficas o televisivas. Y una vez que se deja constancia de ella en el mundo artístico, surgen nuevas tradiciones, como lo es la de la felicitación navideña por medio del mensaje escrito. Y es que con el paso de los años, se instauró la moda de felicitar a los seres queridos por medio de cartas, acompañadas de reproducciones pictóricas representativas de la época navideña, descubriéndose con ella la tradición de las postales. Y como no era de extrañar, las representaciones pictóricas más características de la Navidad eran aquellas que plasmaban la escena de la Sagrada Familia en el Portal de Belén, acompañada por los pastores y los Reyes Magos, y que rápidamente se convirtió en símbolo máximo del periodo navideño; reproducido hasta la saciedad y en sus más diversas variantes, llegando incluso a perder, en algunos casos, el componente religioso primigenio.

Con el paso de los años las nuevas tecnologías dieron lugar a nuevas herramientas de comunicación que hicieron las distancias más cortas y que mutaron las formas de relacionarnos con los demás interlocutores. Hay que recordar de hecho, que el primer mensaje de telefonía móvil enviado en la historia, llevaba como mensaje el siguiente texto: “Merry Christmas” (Feliz Navidad), y que fue mandado hace exactamente 20 años. Y con los mensajes de móvil llegaron los multimedia, en los que podías añadir audio, vídeos o fotografías. ¿Cuántos no lo hicieron con un villancico o una imagen de las mencionadas postales? Internet evolucionó y lo revolucionó todo con la aparición de las redes sociales Facebook y Twitter, en cuyos muros podías colgar tus felicitaciones acompañadas, cómo no, otra vez más, de aquellas mismas imágenes religiosas, símbolos de la Navidad; tal y como hizo ayer el Presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, al felicitar la Navidad desde la nueva cuenta Twitter del Congreso. Y con ella volvieron los de siempre, los inventores del bautismo laico, con la salmodia de la crítica por el uso de una imagen religiosa en una institución. ¿Qué harán ellos si el día 22 de diciembre les toca la Lotería? Capaces serán incluso de desgastar la imagen del boleto de tanto beso.


miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Era de prueba?




La semana pasada, tras diversos acontecimientos acaecidos y que ahora no vienen a cuento, tomé la decisión de no publicar, como había hecho hasta la fecha, la entrada correspondiente al miércoles 26 de septiembre en el blog "El espaldarazo". En esos días de reflexión transcurridos, y de los que ya hablaré en otro momento, una de las noticias que más me impactó fue la concerniente a las movilizaciones promovidas por ciertos grupos, afines o similares al movimiento 15M y congregados bajo el nombre de "Plataforma ¡En pie! Ocupa el Congreso", que utilizaron la fecha del 25 de septiembre para llamar a la movilización contra cualquier tipo de poder legalmente constituido. Muchas veces, el hecho de escuchar, ya sea rumor o verdad contrastada, una noticia bastante sorprendente, como es la que se basa en la idea de ocupar el Congreso de los Diputados, hace que uno comience a buscar toda la información posible sobre esto, para por lo menos, comprender cómo hemos sido capaces de llegar a tal situación.

Leer las noticias que tratan el tema en los diversos medios de comunicación puede ser un mecanismo bastante esclarecedor, pero muchas veces, y más en estos casos en los que se alienta a la ocupación y paralización de una de las instituciones del estado, lo conveniente es irse a la fuente inicial. En tal búsqueda de información, me encontré con el manifiesto donde aparecían los nueve puntos en los que esta plataforma justifica sus acciones y exige las condiciones. De entre todos los puntos, los que más me sobresaltaron son los que hacían referencia a la “dimisión del gobierno en pleno, así como la disolución de las Cortes y de la Jefatura del Estado”, y a la “apertura de un proceso constituyente transparente y democrático, a fin de redactar una nueva Constitución”, sobre todo tras  haberse celebrado elecciones generales el 20 de noviembre del pasado año. 

Es de sobra conocido ya por todos, que los momentos por los que pasa nuestro país no son fáciles a corto plazo, las circunstancias son duras y hay muchos errores cometidos que hay que solucionar; en primer lugar para generar la confianza que nos permita salir adelante y en segundo, para que tales fallos no los vuelvan a cometer las generaciones venideras. Por lo tanto, lo último que necesita España, es que la desconfianza se adueñe de la ciudadanía, y ésta, condimentada por la llama del odio, la separación y la indignación se deje llevar por la pasión desenfrenada llegando a cometer alguna atrocidad inimaginable.

No es momento de andarse con pruebas y ensayos hasta que demos con la tecla que nos devuelva a la senda de la prosperidad, los segundos corren para España, y bastante en contra, se acaba el tiempo y aún queda partido por remontar para alcanzar la victoria. Es el momento idóneo para apelar a la fortaleza de la unidad, al espíritu de los padres de nuestra democracia, a aquellos que dejaron aparcadas sus diferencias ideológicas por el bien común de la prosperidad y de la convivencia pacífica. Aquellos que fueron capaces de crear unas reglas de juego, plasmadas en la Constitución de 1978; y que a tan altas cotas de prosperidad llevaron a nuestro país. No son tiempos para obtener rédito político de la confusión que genera la crisis, apelando a disputas históricas o partidistas, para ocultar así los errores del pasado. Es tiempo de ser fuertes, porque sólo apostando por la fortaleza de la unión seremos capaces de salir adelante.