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viernes, 9 de noviembre de 2012

El paso cambiado



Acaba de darse el pistoletazo de salida a la campaña electoral para las elecciones del próximo 25 de noviembre a la Generalitat de Cataluña. Es curioso analizar como la fecha elegida para el inicio de la campaña coincide, aunque con 23 años de distancia en el tiempo, con una de las fechas marcadas en rojo en el calendario de la Unión Europea y de Occidente, la caída del muro de Berlín. El hecho que supuso el inicio del fin del régimen comunista soviético y de la división mundial que propiciaba la política de bloques, surgida tras la finalización de II Guerra Mundial.

Es interesante ver como hoy, cuando casi se cumple un cuarto de siglo de aquel 9 de noviembre, y cuando nos encontramos comprometidos todos los países miembros de la Unión Europea, en una empresa común de unidad y fortaleza desde la diversidad de las naciones formantes, para afrontar los retos políticos, sociales y económicos del futuro, aparece en Cataluña, a mitad de su actual mandato, el actual President anticipando los comicios porque, según desde su óptica, desde el Gobierno de España se ningunea y ataca al pueblo catalán. Se sirve para tales discursos de argumentos pretéritos de partidos separatistas e independentistas, apelando con ello al pasado histórico-legendario de la región; a los agravios, según él, sufridos por Cataluña tras los Decretos de Nueva Planta en el siglo XVIII; a la revisión de nefastos conflictos del pasado; y en definitiva a elementos más cercanos al mesianismo político, que a al lema común que impera en Europa, la unidad.

Lo que no se para a explicar Artur Mas es por qué desde que está él en el gobierno los impagos y el déficit en Cataluña van cada vez a más, ni por qué se sigue derrochando dinero en aspectos superfluos y no relevantes, como son el mantenimiento de las embajadas que la Generalitat tiene por todo el mundo, antes de solucionar los problemas de una ciudadanía en tiempos de crisis. Alguien se podría preguntar lo siguiente: ¿por qué si Mas no fue el culpable de la crisis catalana, no es ahora capaz de gestionar bien el futuro de Cataluña? La respuesta es simple. Porque Artur Mas no tiene capacidad real ni propuestas reales para afrontar una situación que le sobrepasa, en primer lugar; y en segundo lugar, porque en tiempos de crisis hay momentos en los que es necesario pedir ayuda, y en este aspecto hay una parte de la sociedad de Cataluña que no ve con buenos ojos el hecho de pedir ayuda a España y asumir su culpa de la mala gestión. Por eso Mas afronta desde un comienzo, allá por agosto, la solicitud con carácter de urgencia, al Fondo de Liquidez Autonómica, de 5.023 millones de euros; no como una ayuda, sino como el pago que debe realizar España ante las ofensas del pasado, que según el dirigente catalán pasan por recuperar lo que Cataluña aporta a España y que ésta no reinvierte en la región.

Por eso, una vez que Mas enciende la mecha del argumento de la afrenta histórica, como hicieron los nacionalismos europeos en el período de entreguerras, es muy fácil poder desviar la atención del verdadero problema, la solución a la crisis; centrándolo en algo que ni su propia coalición de partidos jamás ha pedido, la independencia; acompañando sus argumentos, cómo no, con los ingredientes del odio, los símbolos, la confrontación, la desobediencia y la ilegalidad.

Lo que no sabe Mas es que estos son otros tiempos y el ritmo del baile no lo marca él. De ahí el peligro de bailar una danza tan difícil con el paso cambiado, que la posibilidad de que Cataluña tropiece y se caiga estrepitosamente, está tristemente cada vez más cerca.

miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Era de prueba?




La semana pasada, tras diversos acontecimientos acaecidos y que ahora no vienen a cuento, tomé la decisión de no publicar, como había hecho hasta la fecha, la entrada correspondiente al miércoles 26 de septiembre en el blog "El espaldarazo". En esos días de reflexión transcurridos, y de los que ya hablaré en otro momento, una de las noticias que más me impactó fue la concerniente a las movilizaciones promovidas por ciertos grupos, afines o similares al movimiento 15M y congregados bajo el nombre de "Plataforma ¡En pie! Ocupa el Congreso", que utilizaron la fecha del 25 de septiembre para llamar a la movilización contra cualquier tipo de poder legalmente constituido. Muchas veces, el hecho de escuchar, ya sea rumor o verdad contrastada, una noticia bastante sorprendente, como es la que se basa en la idea de ocupar el Congreso de los Diputados, hace que uno comience a buscar toda la información posible sobre esto, para por lo menos, comprender cómo hemos sido capaces de llegar a tal situación.

Leer las noticias que tratan el tema en los diversos medios de comunicación puede ser un mecanismo bastante esclarecedor, pero muchas veces, y más en estos casos en los que se alienta a la ocupación y paralización de una de las instituciones del estado, lo conveniente es irse a la fuente inicial. En tal búsqueda de información, me encontré con el manifiesto donde aparecían los nueve puntos en los que esta plataforma justifica sus acciones y exige las condiciones. De entre todos los puntos, los que más me sobresaltaron son los que hacían referencia a la “dimisión del gobierno en pleno, así como la disolución de las Cortes y de la Jefatura del Estado”, y a la “apertura de un proceso constituyente transparente y democrático, a fin de redactar una nueva Constitución”, sobre todo tras  haberse celebrado elecciones generales el 20 de noviembre del pasado año. 

Es de sobra conocido ya por todos, que los momentos por los que pasa nuestro país no son fáciles a corto plazo, las circunstancias son duras y hay muchos errores cometidos que hay que solucionar; en primer lugar para generar la confianza que nos permita salir adelante y en segundo, para que tales fallos no los vuelvan a cometer las generaciones venideras. Por lo tanto, lo último que necesita España, es que la desconfianza se adueñe de la ciudadanía, y ésta, condimentada por la llama del odio, la separación y la indignación se deje llevar por la pasión desenfrenada llegando a cometer alguna atrocidad inimaginable.

No es momento de andarse con pruebas y ensayos hasta que demos con la tecla que nos devuelva a la senda de la prosperidad, los segundos corren para España, y bastante en contra, se acaba el tiempo y aún queda partido por remontar para alcanzar la victoria. Es el momento idóneo para apelar a la fortaleza de la unidad, al espíritu de los padres de nuestra democracia, a aquellos que dejaron aparcadas sus diferencias ideológicas por el bien común de la prosperidad y de la convivencia pacífica. Aquellos que fueron capaces de crear unas reglas de juego, plasmadas en la Constitución de 1978; y que a tan altas cotas de prosperidad llevaron a nuestro país. No son tiempos para obtener rédito político de la confusión que genera la crisis, apelando a disputas históricas o partidistas, para ocultar así los errores del pasado. Es tiempo de ser fuertes, porque sólo apostando por la fortaleza de la unión seremos capaces de salir adelante.


miércoles, 12 de septiembre de 2012

United We Stand


Ayer se conmemoraron once años del mayor acto de infamia y crueldad cometido en la historia reciente de Occidente, el ataque terrorista al centro político y financiero de los Estados Unidos. Desde el primer instante esta impactante y fatídica jornada dio lugar a una ola  de patriotismo y unidad sin precedentes, o quizá, únicamente comparable con el fervor surgido a raíz del ataque que sufrió Estados Unidos en Pearl Harbor, en diciembre de 1941, causante de su intervención directa en la Segunda Guerra Mundial. 

En este marco apareció uno de los eslóganes que más fuerza dieron al movimiento de ayuda desinteresada, el ya, por todos conocido “United We Stand”. Cuya traducción más literal podría ser “Unidos permanecemos en pie” y que tanto asemeja a un eslogan más familiar para nosotros como puede ser “La unión hace la fuerza”; que sirvió para unir a todos los elementos de la sociedad civil y militar bajo un mismo manto. Fueron momentos que sentaron cátedra en cuanto a madurez democrática y social, las noticias eran desalentadoras, el número de fallecidos y las dificultades a la hora de recuperar a los posibles heridos eran de magnitudes dantescas; pero las diferencias y divisiones políticas y sociales quedaron en un segundo plano, confluyendo toda la fuerza de la nación en un mismo cauce de ayuda, hombro con hombro, para recuperar al país lo más rápidamente posible. Es cierto que hubo errores en esa crisis; pero también es cierto que con el aliento de la unidad y la confianza siempre es más fácil superarse de los fallos que se puedan cometer.

El recuerdo de esta actitud regresa a mi memoria cada once de septiembre y en este año mucho más si cabe, debido a las dificultades por las que pasa nuestra nación. Es cierto que no es comparable directamente un atentado terrorista a una crisis financiera; pero la actitud mostrada por los héroes del once de septiembre debe servirnos como buen ejemplo a seguir, para solucionar un problema que es de todos y que a todos nos afecta.

Y si hablo de unidad como ejemplo, menciono también a la división como uno de los causantes de la lentitud en la recuperación. Es curioso ver, como la fecha en la que se conmemora uno de los mayores actos de alianza política y social, coincide con la  conmemoración de una de las festividades donde se reivindica la separación, por motivos políticos, de una región de nuestro país, con toda la repercusión negativa que supondría para ambas partes, más aún en los tiempos que corren. Esta es la Fiesta de Cataluña, donde es paradójico encontrarse que instituciones democráticas no pueden festejar tal fecha, simplemente por pertenecer a un símbolo político que apela a la unidad. Y donde a su vez, es mucho más paradójico conocer que, días antes de la conmemoración de la Fiesta de Cataluña, el Gobierno de la Generalitat, acuciado por sus gravísimos problemas de tesorería, solicitó 5.023 millones de euros al Fondo de Liquidez Autonómica del Gobierno de España.

Lo que más nos puede tranquilizar es que si una región, por muy independentista que sea, pide ayuda al Estado, éste no se la negará. Este es uno de los grandes principios de la democracia. Porque si, como rezaba el eslogan “United We Stand”, la segunda parte del mismo es “Divided We Fall” (Divididos caemos).