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lunes, 30 de diciembre de 2019

España adormecida, defiende bien tu patria


España adormecida,
defiende bien tu patria.

Te quieren en silencio,
que no protestes nada.
Que calles su delito
y les vendas el alma.

España adormecida,
defiende bien tu patria.

Cansada y sin bandera
crispada y sin tus armas.
Aplaude, baila, brega.
Grita cuanto te mandan.

España adormecida,
defiende bien tu patria.

Que te digan que tienes
un Rey con Democracia,
porque ellos bien manejan
a quien no tiene nada.

España adormecida,
defiende bien tu patria.

Si hablas, porque hablas.
Si callas, porque callas.
Si piensas lo contrario,
espera su avalancha.

España adormecida,
defiende bien tu patria.

Tu historia te precede,
el alto honor te avala.
No creas los complejos
de quien sin honra habla

España adormecida,
defiende bien tu patria.

Busca a tu compañero,
dialoga con él, habla.
Y une lo que dividen
para ocasión tan alta.

España adormecida,
defiende bien tu patria.

No caigas en violencia,
no sigas su jugada.
Sé listo, astuto y vence
con actos y palabras.

España adormecida,
defiende bien tu patria.

Expón tus argumentos,
repica las campanas.
No albergues en ti miedo,
ni temas amenazas.

España adormecida,
defiende bien tu patria.

Por pueblos y ciudades,
por valles y montañas.
En donde estemos todos
y en las zonas vaciadas.

España adormecida,
defiende bien tu patria.

Hileras de hombres pobres,
mujeres enlutadas,
persiguen libres sueños,
derechos sin desgana.

España adormecida,
defiende bien tu patria.

Regresan a la esencia,
ilusión no les falta.
Que mucho no precisan
para gritar: “¡YA BASTA!”

España adormecida,
¡levántate y anda!



miércoles, 4 de diciembre de 2013

La torre de PISA


Confieso que me fascina la velocidad a la que se ruborizan ciertos rostros. A qué nivel de indignación pueden llegar a apretar ciertos puños. O en cuántas miríadas de jirones rasgan sus simbólicas vestiduras muchos de los que sin ser expertos en materia educativa, y no estar ni de cerca emparentados con ella ni con los quehaceres diarios que dicho trabajo precisa, son capaces de opinar sobre el tema, cada vez que al cumplirse el tercer año se hacen públicos los resultados de las pruebas PISA que la OCDE se encarga de realizar a estudiantes de 15 años y que sirven para comprobar el nivel educativo de los países que pertenecen a la citada organización. Es verdad que es de sobra conocido que en nuestro país, aficionados desde tiempo remoto a ese gusto por el ágora y el dictamen, cual modernos cicerones. Cualquiera con una mínima capacidad de elocuencia y don de gentes, es capaz de hacerle ver a esa masa ávida de fervor, que el asno al que acaba de incrustar la flauta en el hocico, con cada musical rebuzno, se halla a la altura del virtuosismo más absoluto. Podemos ver entonces, como incluso apoyados en la barra del bar más cercano son capaces de hacer un alto en su carajillo mañanero, apartar el fútbol o el chanchullo del curro por unos instantes, para dedicarle unas áureas palabras -mirada de soslayo y guiño al respetable incluido, ellos se lo pueden permitir- a esos problemas que atañen al presente y futuro de la Educación.

Entonces, cual altos miembros del peripato, dan comienzo a la summa retahíla de sus propuestas educativas, muchas de ellas de naturaleza empírica y otras tantas recordadas de alguien que alguna vez salió en la tele a la hora de la comida, hablando del tema. “Un buen reglazo de madera en el cogote, como en mis tiempos”… “Más horas de clase. Sábados y julio cogía yo”… “Muchas vacaciones y sueldo fijo tienen esos maestros”… “Con lo que dice mi niño que aprendía con el ordenador que le regalaron y que vendió eBay, porque el maestro ya no lo utilizaba”… y otros tantos programas electorales de bodega, que de cumplirse, más de un ateo se persignaría temiendo el fin del mundo a la vuelta de la esquina. Pero no nos vayamos tan lejos, crucemos de acera y acerquémonos a aquellos que con su discurso y desde su escaño democráticamente obtenido, presentan propuestas ideológicas sobre lo que para ellos es prioritario para la educación de nuestros jóvenes. “La Religión debe salir de las aulas, porque eso es adoctrinamiento”… “Hay que españolizar regiones”… “La lengua regional es la única lengua vehicular del ‘pseudoestado’”… “Los colegios concertados son guetos elitistas”… y otras tantas lindezas que ruborizan a los que sí estamos emparentados directa o indirectamente con la educación, por la simple razón de comprender que esos discursos no sirven para afrontar el verdadero problema de la educación en España y que tan mal se refleja en los resultados PISA de Matemáticas, comprensión lectora y conocimiento científico.

Es cierto que el actual Gobierno ha acometido una reforma necesaria de la Ley, que busca la mejora educativa fijándose en otros modelos análogos de países con altos resultados. El problema añadido a tener en cuenta, además del consabido de la demora temporal con la que se obtienen resultados, es que la cultura del esfuerzo de dichos países no es trasladable a nuestra nación de un día para otro. Además, no debemos olvidar la ausencia de compromiso, seguimiento y poca exigencia en el ámbito de algunas familias, o la más escalofriante percepción de que algunos individuos no les dan importancia a la educación ni al educador en el futuro de la sociedad, y que añadidos a las diferencias socioeconómicas, demuestran que en los hogares donde se atesora más saber, se suelen obtener mejores resultados. Por lo tanto, hay que ser consecuentes con las reformas que se realizan a largo plazo, incluir a los expertos en la materia para acometerlas, tener altura de miras y paciencia con los resultados, mirar al futuro de una nación a los ojos y no solo a la ideología afín. Porque lo peor que nos podrá pasar no será que los indicadores en las tres citadas materias no remonten, sino que no seremos capaces de cumplir con la estrategia firmada con Europa en Educación, por la que España y demás países deben alcanzar unos objetivos para 2020 y además nos encontraremos con una generación mal preparada y no competitiva de cara al mercado laboral, una vez que nuestro país salga de la crisis.



miércoles, 13 de noviembre de 2013

El reinado de la improvisación


A lo largo de nuestra vida, solemos ponernos metas a alcanzar de manera consciente o inconsciente; así podemos ver como el simple hecho del crecimiento lleva al ser humano, desde estados iniciales de su existencia, a lograr destrezas como hablar, andar, leer, escribir o poseer las capacidades psicomotrices con las que luego llevar a cabo el desarrollo de un largo etcétera de tareas que le servirán para desarrollar su intelecto conforme se vayan sucediendo los años de su existencia. La gran mayoría de nosotros quizá no recordemos el momento inicial en el que adquirimos por vez primera algunas de las citadas destrezas; pero el hecho de que muchos de nosotros llegáramos a perfeccionarlas y a hacer evolucionar su nivel de uso se debe al simple hecho de haber comenzado por repetir el acto hasta la actualidad. Valga el ejemplo de atarse los cordones; acto que en teoría todo adulto debería poder realizar sin esfuerzo una vez aprendido. Somos capaces de llegar a hacer el mismo nudo, de manera perfecta e incluso con los ojos cerrados, por el simple hecho de que lo llevamos repitiendo desde el primer momento en el que lo logramos hacer bien; y de hecho, lo hemos ido mejorando conforme las repeticiones se han ido sucediendo. De no ser así, a día de hoy nos sería prácticamente imposible hacerlo con éxito.

El aprendizaje afianzado en la repetición de secuencias, en los momentos iniciales del ser humano, es algo que complementa a sus aprendizajes cognitivo e instintivo. Pero el proceso de enseñanza y aprendizaje de diversos contenidos, cuando el ser humano es más adulto cambia; o mejor dicho, se ve complementado por el desarrollo del entendimiento y la capacidad analítica del mismo que le puede llevar incluso a innovar acerca de los contenidos aprendidos. Por lo tanto, las metodologías y las secuencias de aprendizaje utilizadas por quienes se encargan de dicho proceso de enseñanza se deben preparar con antelación, previendo cuál va a ser el destinatario, su nivel de destreza y qué metas se quieren alcanzar. Este proceso les será muy familiar a todos los que se dedican a la enseñanza en el nivel que sea. La labor de hacer una “programación didáctica” es algo que todo docente está obligado a realizar antes del inicio del curso, acompañado de estudios previos acerca del alumnado. Pero siempre se tendrá que revisar y anotar la evolución de su alumnado, así como la relación entre lo programado y lo alcanzado, para que en momento en el que se crea oportuno realizar los cambios pertinentes, en base a los resultados obtenidos. En resumidas cuentas, dado que la empresa es importante: educar al futuro de una nación, no se puede dejar nada a la trivial improvisación.

Por otra parte, es verdad que una vez alcanzado el nivel excelente de dominio de una destreza se puede llegar a innovar sobre la misma aplicando la improvisación en su desarrollo, y así tenemos los ejemplos en la música o en las artes escénicas. Pero tiene que quedar esto bien claro, el nivel de dominio de la destreza debe ser excelente, rozar la perfección sino superarla, para que en el momento en el que se aplique la improvisación dé como resultado una verdadera obra de arte. El problema se da cuando el que ejecuta sus actos, creyéndose experto en su destreza, por el simple hecho de tener una posición privilegiada a la hora de tomar las decisiones, las toma sin atender a las consecuencias, sin tener en cuenta los estudios previos de otros expertos en la materia y sin revisar las programaciones que deben servirle de guía para que la consecuencia de sus actos sea el éxito; entonces, entra en una espiral de toma de decisiones erróneas, sobre las que deberá regresar cada vez que se demuestre que son desacertadas, para rectificar sobre ellas, haciendo perder un tiempo valioso al alcance del éxito de las buenas ideas. Es lo que comúnmente califico como “actos embrague”, aquellos en los que el sujeto primero mete la pata, para acto seguido proceder a realizar los cambios pertinentes, con toda la pérdida de ese valioso tiempo que muchas veces va en contra y de ese reconocimiento público que tantas veces cuesta ganar.



miércoles, 9 de octubre de 2013

Menú del día


Hoy me toca comer fuera. Alguna vez que otra, bien por falta de tiempo o bien por romper con la rutina de la comida solitaria en casa, me gusta visitar alguno de los muchos bar-restaurant que pueblan la geografía española, en los que además de disfrutar de viandas y platos caseros de calidad y consistencia contrastada, válidos para saciar el apetito del trabajador español a la hora del almuerzo, y proporcionarle el vigor suficiente para, en muchos casos, poder proseguir con su jornada laboral; sirven para pulsar ese latido de la sociedad tan nuestro a la hora de la comida. La escena quizá les sea conocida. Típico mesón andaluz, suelo con alguna que otra arrugada servilleta de papel, amplia barra de acero inoxidable, y tras ella una muchacha que después de sus horas correspondientes en el instituto, coincidiendo con la hora de la comida, va a echarles una mano a sus padres, dueños del local, para cobrar los menús y preparar los cafés. Mientras, la  madre, con una precisión de reloj suizo, se afana en la cocina en la preparación de los platos; y el padre, con una velocidad pasmosa, se esmera por no perder ni un minuto en hacer que las comidas lleguen ordenadas al respetable. Conjunto digno del mayor galardón en calidad, sincronización y trabajo de equipo, y encima, con un miembro menos, por caerse de la moto. Nada grave, para la vez próxima aprenderá a no hacer el ganso con la dos ruedas por las cuestas.

La zona de las mesas, que en otros sitios recibiría el nombre salón o reservado, dependiendo del precio del cubierto, aquí se utiliza, con su marquesina de madera de separación con el resto del local, para ubicar el comedor a ciertas horas y para recibir a los aficionados al deporte rey a otras tantas, haciéndolo coincidir en todas ellas con un incombustible televisor tamaño pared, cuya programación se alterna entre las noticias o el fútbol. Como no es menos de esperar, es la hora de la comida, y válgame el cielo, tocan noticias. Me siento con la musiquilla del sumario, abre la comparecencia de la ex Ministra socialista Magdalena Álvarez ante la juez Alaya por presuntos delitos de prevaricación y malversación en la investigación de los ERE falsos de la Junta de Andalucía, noticia que se complementa con las nuevas detenciones llevadas a cabo por la Guardia Civil en el marco de la investigación y tras anunciarlo la locutora… ¡zas! Golpe en una de las mesas en las que hay sentados dos señores enfundados en su mono azul electricista. “¡Te lo dije Manolo, que todavía caen más. Ya hasta sindicalistas!” –le espeta uno al otro en tono de indignación y clarividencia–. Parece que un espectáculo de irritación contenida va a dar comienzo en una de las mesas cercanas, y aprovechando que el comedor no está lleno, creo, que entre el tintineo de platos y el bullicio contenido, podré pegar la oreja discretamente a su conversación. Siguiente noticia: La OCDE sitúa a los adultos españoles en el último lugar en competencia matemática y lectora. “¡Ale, encima de que nos roban, somos los más tontos del mundo! Normal, así nos va.” –esta vez no hay golpe, pero el codazo al compañero no falta–. El comentario del resto de las noticias del sumario no levanta tanta expectación en el vecino comensal; parece que con esos dos platos habrá suficiente para comer.

Llega la ampliación de las noticias del sumario y entonces, a sus postres, que coincide casi con la llegada de mi primero comienza un lúcido monólogo digno del mejor sociólogo. Donde le argumenta a Manolo, silencioso éste en todo momento, que tras tanto proclamar la izquierda a los cuatro vientos, que los que robaban en España eran los “señoricos” y que Andalucía estaba tan atrasada a causa de que las políticas de izquierdas las tumbaban en Madrid los gobiernos de derechas, a él ya se le ha caído la venda. Que de siempre su familia había sido socialista; pero que tras ver cómo dejó el país “el de las cejas”, cambió su voto; y que ahora que se está descubriendo todo lo que han hecho en Andalucía, no se lo pensará para las próximas. Que quizá hayan cambiado de presidente los socialistas, pero que ha leído por ahí que lo hace para que no lo pillen y lo meta en el trullo esa jueza que los tiene bien puestos, y que si él fuera ella andaría con cuidado, porque aquí en Andalucía los bandoleros ya no van con caballo ni trabuco, sino con coche oficial y traje. Y que ya está bien de que haya tontos en esta tierra, que la política no es como el fútbol, del Madrid o del Barsa hasta la muerte; que lo que tienen que hacer los jóvenes es estudiar para que no los engañen; y si la educación no da resultado, entonces que la cambien; a no ser que no quieran porque así es más fácil de manejar al personal. Es curioso el discurso que se está marcando y en mi embeleso por prestarle atención, intentando éste buscar al camarero se ha percatado de que lo estaba escuchando, y ante su atenta mirada me dirige unas palabras: “Y usted, que me han dicho que es maestro, porque en un pueblo tan chico todos nos conocemos, luche porque los jóvenes salgan con una buena educación”. Ante lo que yo, orgulloso de sus palabras y ni corto ni perezoso, dirijo dos dedos de mi mano a mi frente, a modo de saludo y le respondo: “Amén”.



martes, 2 de abril de 2013

Educación para la Democracia



Todos los días, desde esos templos del saber que son las aulas de los centros docentes de nuestro país, los maestros y profesores nos dedicamos a enseñar a nuestros alumnos las grandes disciplinas académicas, que les servirán para estar bien preparados para cuando les llegue ese momento futuro en el que deban afrontar su vuelo libre en nuestra sociedad. Desde el primer día en el que se matriculan en esa nueva vida de aprendizaje continuo, son sus propias familias las que aceptan complementar en sus hijos la formación impartida en los hogares, con la de los contenidos de las diversas materias que forman el currículo académico, por medio de profesionales instruidos para tal fin. Ambas partes son igual de importantes en ese proceso de enseñanza y aprendizaje que es la vida diaria de cada joven, si la acción que lleve a cabo una de ambas no se ve complementada y/o fortalecida por la otra, más temprano que tarde llegarán a confrontar ambos ámbitos de enseñanza perjudicando al discente y al éxito de su futuro. Quizá este sea un terreno en el que la sociedad esté cada vez más concienciada, dado que los niveles de escolarización de los jóvenes en nuestro país son cercanos al 100% y semana tras semana podemos comprobar cómo los padres y madres de nuestros alumnos se interesan por la educación de sus hijos acudiendo a las reuniones de tutoría.

El problema surge cuando nuestros jóvenes aprendices, que absorben cual esponjas cualquier información que les rodea, ya sea por medio de su experiencia personal o por medio de los medios de comunicación; captan acciones perjudiciales para la sociedad democrática sin que nadie les advierta de que adoptar tales comportamientos en el futuro condicionará su vida de manera negativa, y por ende, será pernicioso para toda la sociedad. Me refiero concretamente a que no podemos dejar a nuestros jóvenes desamparados en una sociedad que se ha llegado a mostrar hasta orgullosa de aquellos individuos, tanto públicos como anónimos, que fueron o son capaces de enriquecerse por medio del fraude a la Administración Pública del Estado; o en una sociedad donde los representantes de los trabajadores no rechistaron ante la subida alarmante de parados, mientras los subvencionaron para alcanzar la paz social, pero que cuando el signo político cambió salieron en tromba contra el gobierno, como si no hubiera mañana; o en una sociedad donde se cuestiona, simplemente por acracia injustificada, cualquier poder público ya sea legislativo, ejecutivo y judicial amparándose en falacias tales, como que en democracia prevalecen los derechos del ciudadano, frente a las obligaciones sociales que éste deba tener, cuando todos sabemos que la sociabilidad se fundamenta en la equidad de ambos; o en una sociedad en la que por medio del señalamiento público se trate de amedrentar a cualquier persona, simplemente por pensar o tener una opinión distinta.

Ni el futuro de nuestros jóvenes, ni el futuro de nuestro país se merecen tan oscuro porvenir; sobre todo porque si hoy aceptamos estas actitudes, ¿hasta dónde no será capaz de llegar tal círculo vicioso de ignominia? Por tal razón, no es que nos competa solo a los centros educativos, o a las familias, o a los poderes fácticos, o a las instituciones legales comenzar a predicar por medio del ejemplo; sino que tal competencia debe ser asumida por toda la sociedad al unísono; dado que, solo así seremos capaces de hacer madurar a nuestra sociedad, otorgándoles a nuestros jóvenes una inquebrantable Educación para la Democracia.


miércoles, 23 de enero de 2013

Democracia fortalecida



Regresan a nuestras ventanas, cual golondrinas en primavera, nuevas tramas con nuevos nombres que amplían la extensa lista que atesora la corrupción en nuestro país. No son pájaros éstos que traigan agradables trinos, sino pajarracos de mal agüero que emponzoñan son su graznido el noble arte de la política democrática, defendida y practicada por personas, que aún ostentan los mayores tesoros que se pueden poseer en la vida pública: la honradez, el honor y la decencia. Esas aves rapaces de lo público y lo ajeno que amparadas en la complicidad y el silencio de un beneficio al ocultador, han despojado grano a grano, nocturna y alevosamente, no solo ingentes cantidades de riqueza pública; sino además la confianza democrática en la transparencia del funcionamiento de nuestras instituciones, intentando manchar con sus oprobiosos actos a todos esos buenos políticos, que con las manos limpias se esfuerzan día tras día por fortalecer el futuro democrático y mejorar el bienestar de toda la ciudadanía.

A todos los demócratas de convicción y obra nos compete el fortalecimiento y la defensa de nuestras instituciones y leyes, porque solo con una democracia fortalecida en su fondo y en sus formas seremos capaces de espantar de los árboles de la prosperidad a estas aves carroñeras. Imposibilitando así su capacidad de reproducción y contagio con su pico ominoso a nuestras generaciones venideras, los verdaderos frutos de nuestra nación.

Debemos apostar fuerte por el escarnio público, la inhabilitación y el rendimiento de cuentas ante una justicia asentada en un Código Penal endurecido que, por su condición, tenga carácter disuasorio “ipso facto” de cualquier pensamiento ignominioso que conlleve fraude al Estado o enriquecimiento a costa suya. Pero no solo con esta meta debemos contentarnos, puesto que si amparados en un Código Penal que actúe de manera ejemplar contra los casos de corrupción, somos capaces de plantarle cara a esta lacra social e institucional ganándole alguna batalla; la verdadera victoria se alcanzará cuando en nuestra sociedad exista una conciencia real de lo público, que nos lleve a razonar acerca de que el enriquecimiento a costa del Estado, supone un debilitamiento de las herramientas del mismo, así como del bienestar alcanzado gracias a nuestra democracia. Debemos todos, erigirnos como guardianes de los tesoros de nuestra nación, y que con nuestro ejemplo se beneficie la educación de nuestros jóvenes en el uso y funcionamiento de nuestras instituciones, dado que en nosotros serán en quiénes se miren las generaciones venideras para encauzar su propio futuro.

Nuestro país no puede seguir amasando futuros nombres que engorden la larga lista de casos de diverso nombre y color que han ensuciado nuestra historia más reciente, ni dejar su descubrimiento a la suerte de un polluelo que cantó más de lo esperado por los cofrades de la ignominia. Nuestro país debe apostar por una fortaleza que nos haga extirpar tales actos de nuestra forma de ser, madurando como nación y como democracia.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

Divino tesoro



No sé si por casualidad o por relación con la labor que desempeño, últimamente escucho en repetidas ocasiones, llegando incluso a contabilizarse varias al día, las típicas expresiones de que la juventud no sabe qué hacer, que vive del cuento, que no se halla comprometida, que no tiene metas, que no sabe buscarlas y no se esfuerza por alcanzarlas, que solo piensa en el ocio y en el disfrute momentáneo sin pensar en el presente o en las consecuencias de sus actos en el futuro. Hasta cierto punto llego a comprender que esta ristra de expresiones estereotipadas, relacionadas con la juventud, provengan, en determinados momentos, de ciertas personas. Sobre todo de aquellas que experimentaron tiempos en los que afloraban las oportunidades por doquier y que a su vez, tenían en su memoria más reciente extensos períodos de dificultades políticas, sociales o económicas; por ejemplo, aquella generación de la transición, momento en el que nuestra democracia comenzaba a dar sus primeros pasos.

Lo que es preocupante es que no sean aquellos jóvenes de la transición, hoy con treinta y siete años más a sus espaldas, quienes pronuncien esas expresiones, como si de un mantra tibetano se tratase, que los hay; sino que quienes rezan con determinado cántico son muchos de los jóvenes actuales. Juventud que, gracias a la época en la que nacieron, no les tocó vivir las dificultades de una guerra, de una postguerra, de un aislamiento internacional o de la ausencia de muchos derechos democráticos, y en definitiva, de la carencia de una juventud tal y como hoy la conocemos. Es preocupante que muchos jóvenes se cuestionen su propio progreso y desarrollo en tiempos de crisis; sobre todo, cuando se sabe que cualquier crisis es superable, y a día de hoy ya comienza a haber, aunque tímidos, indicios de que comenzamos a ver el final del túnel, pese a que nos falte aún trecho para alcanzar la salida definitiva. Es alarmante esta actitud porque permanecer en punto muerto, sin marcha alguna, supone que cuando el motor se ponga a funcionar, aún habrá personas esperando una señal para la salida.

La cuestión es, ¿por qué surge en estos muchachos la capacidad de cuestionarse su propio futuro dentro de la dificultad actual? Confieso que le he dado muchas vueltas a la misma, y siempre llego a idéntica conclusión: la educación recibida. No hablo aquí de educación reglada, compuesta por las diversas asignaturas de los currículos educativos; sino de la educación en valores, esa tantas veces olvidada y que tanto sirve para el gran examen de la vida. Esa educación en valores que se ha visto trastocada en momentos de bonanza económica, y que no supo ser transmitida, en determinados casos, a una generación que nació sin dificultades sociales y con gran parte del trabajo hecho. Una juventud que fue durante mucho tiempo mal informada con la idea de que tenía todos los derechos del mundo adquiridos; pero que en pocos casos aprendió que para que perduraran esos derechos, se requería de unas obligaciones que todos debían acometer.

Por eso, desde aquí, rompo una lanza a favor de la juventud actual, que tanto sufre y que en determinados momentos tan negro ve su futuro. El desánimo y la inactividad no solucionan ningún problema. Para tener un futuro siempre hay que marcarse una meta y proponerse alcanzarla. Quizá haya tormenta y oleaje en la travesía, pero cuando se tiene una brújula que marca bien el norte es difícil perderse. Quizá haya parte de la tripulación que aconseje abandonar y regresar a puerto, pero que sepas que todo esfuerzo siempre obtiene recompensa. Y quizá cuando llegues a puerto tengas descendencia; para los que te sucedan será el cuaderno de bitácora de tu viaje, donde les muestres cuáles fueron tus hazañas y cómo afrontaste las dificultades. Porque la lección que les legues será su más divino tesoro.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Vuestro futuro, nuestro futuro



Ayer, mientras atravesaba granadinas y jiennenses carreteras a primera hora de la mañana, una nefasta noticia llamaba mi atención al comienzo del viaje: “España se sitúa a la cabeza del fracaso escolar y del desempleo juvenil en Europa”. Según la Unesco, el titular quedaba confirmado con los datos que recogía para la elaboración de su estudio anual “Educación para todos” y quedaba reflejado en las desalentadoras cifras oficiales, donde uno de cada tres jóvenes españoles (la media en Europa es de uno de cada cinco), de edades comprendidas entre los 15 y 24 años, había abandonado sus estudios antes de finalizar la Enseñanza Secundaria Obligatoria (E.S.O.); mientras que el paro juvenil había alcanzado y superado ya el 50% en marzo de este año.

Las cifras aportadas son alarmantes para nuestro país, más si cabe por la situación tan difícil por la que pasa nuestra economía, tan ferozmente golpeada por la crisis; pero aún lo es más el dato que acompañaba a los indicadores de fracaso escolar y paro juvenil en el estudio de la Unesco. Y es que en él se refleja también que, al menos un cuarto de los jóvenes españoles que dejaron sus estudios al acabar el primer ciclo de Enseñanza Secundaria, y un quinto de los que la abandonaron después del Bachillerato, en la actualidad, tampoco buscan empleo; jóvenes comúnmente conocidos como “ni-nis”.

Es cierto que las dificultades económicas son una realidad, pero también es verdad que si dicha actitud de nuestros jóvenes sigue el camino que presenta el estudio, cuando España salga del bache económico, porque a nadie le quepa la menor duda de que saldremos, nos encontraremos con una generación que habrá desaprovechado una oportunidad de oro para formarse. Esto hará que nuestros jóvenes no sean competitivos frente al resto de Europa, y por ende, no podrán ocupar los puestos de trabajo que se creen en el futuro, dificultando con ello la recuperación económica, social y financiera de nuestro país en el momento oportuno, dilatando más si cabe el regreso a la senda de la prosperidad de nuestra nación. Hay que apostar por un sistema educativo que forme al futuro de nuestro país, en igualdad de oportunidades con Europa y con el mundo. Estudios independientes demuestran que el rendimiento educativo durante la Enseñanza Obligatoria modifica significativamente las perspectivas laborales de los individuos y completar o no este proceso formativo tiene consecuencias. Por ejemplo, una mejora de 15 puntos en la tasa de graduados de la ESO y en abandono escolar incrementaría la tasa de actividad entre 0,3 y 2 puntos, reduciría la tasa de paro entre 2,3 y 3,8 puntos y la tasa de temporalidad entre 1,7 y 2 puntos y aumentaría la productividad al menos un 4,5%.

Por último, señala la Unesco, “Crear puestos de trabajo per se, no va a ayudarnos a salir de la crisis. Europa debe formar a jóvenes con competencias profesionales adecuadas, con experiencia previa y con capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías”. Qué gran verdad, pero a su vez también no hay que olvidar que debemos motivar a nuestros jóvenes constantemente, que no se distraigan ni desvíen de su senda principal: la formación para su futuro. Mostrarles valores como el compromiso, la competitividad productiva, los buenos resultados, el esfuerzo, la superación o la formación continua, deben ser constantes en los métodos de enseñanza y aprendizaje para que con ellos, las generaciones futuras puedan luchar por devolver a España a puestos importante dentro del escenario internacional, hecho que acarreará altas cotas de bienestar para todos los ciudadanos.