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miércoles, 27 de mayo de 2015

Una opinión más



En estos días de tormenta y crisis en los partidos tradicionales, y concretamente en el Partido Popular, la propia situación surgida de las urnas del pasado 24 de mayo está dando lugar a algunas acciones que, apresuradas, están haciendo mover la silla e incluso los cimientos de este partido. Quienes me conocéis sabéis que nunca he sido partidario de las Revoluciones a golpe de ira y fuego; por lo que desde mi sosegada actitud  voy a analizar las consecuencias para llegar a comprender la situación.

Partamos desde el que para mí es el comienzo de todo, el año electoral de 2011. Muchos no se acordarán bien; pero es el año del famoso 15M y del casi rescate de España por parte de la Troika que dio lugar al adelanto electoral del Presidente Zapatero.

No comprender bien estos dos hechos dio lugar, en primera instancia, a que el propio gobierno del Presidente Rodríguez Zapatero no pudiera aguantar las riendas del sector más a la izquierda del PSOE. Por lo que quienes con su abstención en la investidura de 2008 se desligaron del, por aquel entonces, Presidente del Gobierno, para posicionarse ya en 2011 a favor de ese viento de indignación del 15M, con el fin de obtener en un futuro y de cara a unos próximos comicios, rédito a favor de sus propios intereses. Y por otro lado es curioso cómo la oposición por aquel entonces, el Partido Popular, no supo gestionar la situación todo lo que hubiera debido. Y a gestionar la situación me refiero tanto a explicar bien lo que se estaba haciendo (o no haciendo) desde el gobierno socialista, como conectar más con la calle, dejando que el movimiento 15M fuera el germen de la izquierda más radical. ¿Acaso no era toda la sociedad la que por aquel entonces debería de haber estado indignada? Efectivamente, ¡sí lo era!; tanto la que se manifestaba en Sol, como la que reflexionaba de forma más silenciosa y menos asamblearia.

El aluvión de votos que se le venía encima al Partido Popular en las subsiguientes elecciones era una evidencia, por lo que no interpretar bien esos resultados y dejarse llevar por los bonitos resultados podía dar lugar a una pérdida sustancial de confianza en el partido, tal y como ha ocurrido en los últimos comicios.  Y es que hay que tener en cuenta que el aumento de votantes que comenzó en las elecciones locales y regionales de 2011 y que se consolidó en las nacionales del mismo año se debió, además del voto propio, a la movilización del voto que tradicionalmente era abstencionista dentro del arco ideológico del centro-derecha, al voto de castigo del centro-izquierda hacia el socialismo y al votante indeciso de última hora que confió en la gestión popular. Por ello podemos llegar a la conclusión de que muchos de los votos obtenidos, eran votos que podríamos denominar "prestados" o "volátiles".

Una vez llegado al Gobierno con una amplia mayoría absoluta, y tras encontrarse con la mil veces mentada "herencia recibida", así como tras sortear la intervención del Estado (otra vez más) y solicitar el rescate bancario. Se llevó a cabo una política económica de emergencia nacional no aprovechándose la ocasión de ser explicada por extenso y detalladamente, a todos los niveles y a todas las esferas de la sociedad y mostrando una empatía necesaria para un momento tan difícil. Este primer error de falta de comunicación dio lugar a que, junto con la mecha encendida el 15M, surgiera un run-run en los sectores críticos que sirvió para desarrollar el argumento de que el Gobierno no cumplía con el programa electoral. Otro error más achacable al hecho de, en algunos instantes, no se actuó con el sosiego necesario para buscar la solución más conciliadora y clara de entender para la ciudadanía.

Y entonces llegó 2013 y se destapó la corrupción. Surgió Bárcenas con sus papeles y demás casos en los que a distinto nivel se vio manchada la credibilidad del partido, tanto entre sus propios votantes, como en la sociedad (ya crítica de por sí con las medidas económicas, tanto coyunturales como estructurales, llevadas a cabo). El seísmo afectó a la comunicación interna y se perdió la credibilidad hacia algunos actantes imprescindibles dentro del partido, hecho que afectó negativamente de cara a la opinión pública por no actuarse con celeridad y de manera categórica justo en el momento en el que saltó el escándalo. Otra oportunidad más para alimentar a la oposición y no ya sólo a la del hemiciclo; sino también a esa que había nacido en 2011 al calor del 15M y que ya por aquel tiempo tenía coleta y se movía como pez en el agua entre gatos nocturnos y matinales tertulianos.

Se aproximaban las elecciones, quedaba casi un año y la situación no es que llegara a ser insostenible; pero la ansiedad se podía notar en el ambiente. En ese ambiente enrarecido se intentó buscar contra corriente al votante de cuna (a ese que entiende la política como si de un equipo de fútbol se tratase), haciendo oídos sordos al cada vez mayor hastío de propios y extraños por el noble arte de la política, herida casi de muerte por la inmundicia de la corrupción y generalizada en el imaginario social bajo la etiqueta de "la casta". Se propusieron, aprovechando la mayoría absoluta, desarrollar leyes que contentaran a ese llamado sector duro del partido sin tener en cuenta las movilizaciones de todos los ámbitos, no solo de la oposición (que cada vez iba tomando más músculo tras el varapalo electoral de 2011 y ese vagar por el desierto del casi ostracismo político), sino también de ciertos sectores internos del partido, de votantes circunstanciales y "prestados" y cómo no, de los que antes no podían; pero que dadas las circunstancias se vieron con la oportunidad, la preparación y la confianza suficiente para creer que podían... y claro que pudieron. En democracia todo se puede, y gracias.

Y llegó 2015 y el tiempo echado encima. O se estaba ya preparado para la representación o tocaba estudiar a marchas forzadas el papel para no suspender la función. Nuevos partidos, conocedores de las debilidades ajenas y fortalezas propias habían surgido en el teatro de operaciones. Y a todo lo dicho anteriormente en el desarrollo cronológico explicado, se le unió la ausencia de una marcada estrategia política de comunicación y de formación común para llegar al ciudadano más inmediato en las elecciones más importantes: las autonómicas y municipales. Llegaron los resultados y el choque con el muro de la realidad es el que ha sido.

Por ello, a partir de ahora no queda sólo reflexionar y lamentarse; sino pasar a la acción. Es el momento de apostar por el futuro, la renovación, con tiempo, con serenidad, con la ciudadanía, con el afiliado, con el votante, desde la minoría hacia la mayoría. Tal y como ha hecho cualquier ente en tiempos de cambio: reflexionar sobre los pros y los contras y llevar a cabo lo más beneficioso. No es que sea el momento de los pactos de manera perentoria; sino que esa capacidad de pacto y de consenso no se debería perder nunca en Democracia. Sólo cuando la ciudadanía se sabe partícipe de la toma de decisiones que le benefician, se halla con la capacidad suficiente para dar su confianza a aquel que le expone mejor su argumentación acerca  de la realidad y sus propuestas de futuro. La comunicación es la base de la "sociedad de la paninformación" en la que nos encontramos. No haberse dado cuenta antes de esto es un error subsanable, no querer darse cuenta a partir de ahora es un suicidio.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El reinado de la improvisación


A lo largo de nuestra vida, solemos ponernos metas a alcanzar de manera consciente o inconsciente; así podemos ver como el simple hecho del crecimiento lleva al ser humano, desde estados iniciales de su existencia, a lograr destrezas como hablar, andar, leer, escribir o poseer las capacidades psicomotrices con las que luego llevar a cabo el desarrollo de un largo etcétera de tareas que le servirán para desarrollar su intelecto conforme se vayan sucediendo los años de su existencia. La gran mayoría de nosotros quizá no recordemos el momento inicial en el que adquirimos por vez primera algunas de las citadas destrezas; pero el hecho de que muchos de nosotros llegáramos a perfeccionarlas y a hacer evolucionar su nivel de uso se debe al simple hecho de haber comenzado por repetir el acto hasta la actualidad. Valga el ejemplo de atarse los cordones; acto que en teoría todo adulto debería poder realizar sin esfuerzo una vez aprendido. Somos capaces de llegar a hacer el mismo nudo, de manera perfecta e incluso con los ojos cerrados, por el simple hecho de que lo llevamos repitiendo desde el primer momento en el que lo logramos hacer bien; y de hecho, lo hemos ido mejorando conforme las repeticiones se han ido sucediendo. De no ser así, a día de hoy nos sería prácticamente imposible hacerlo con éxito.

El aprendizaje afianzado en la repetición de secuencias, en los momentos iniciales del ser humano, es algo que complementa a sus aprendizajes cognitivo e instintivo. Pero el proceso de enseñanza y aprendizaje de diversos contenidos, cuando el ser humano es más adulto cambia; o mejor dicho, se ve complementado por el desarrollo del entendimiento y la capacidad analítica del mismo que le puede llevar incluso a innovar acerca de los contenidos aprendidos. Por lo tanto, las metodologías y las secuencias de aprendizaje utilizadas por quienes se encargan de dicho proceso de enseñanza se deben preparar con antelación, previendo cuál va a ser el destinatario, su nivel de destreza y qué metas se quieren alcanzar. Este proceso les será muy familiar a todos los que se dedican a la enseñanza en el nivel que sea. La labor de hacer una “programación didáctica” es algo que todo docente está obligado a realizar antes del inicio del curso, acompañado de estudios previos acerca del alumnado. Pero siempre se tendrá que revisar y anotar la evolución de su alumnado, así como la relación entre lo programado y lo alcanzado, para que en momento en el que se crea oportuno realizar los cambios pertinentes, en base a los resultados obtenidos. En resumidas cuentas, dado que la empresa es importante: educar al futuro de una nación, no se puede dejar nada a la trivial improvisación.

Por otra parte, es verdad que una vez alcanzado el nivel excelente de dominio de una destreza se puede llegar a innovar sobre la misma aplicando la improvisación en su desarrollo, y así tenemos los ejemplos en la música o en las artes escénicas. Pero tiene que quedar esto bien claro, el nivel de dominio de la destreza debe ser excelente, rozar la perfección sino superarla, para que en el momento en el que se aplique la improvisación dé como resultado una verdadera obra de arte. El problema se da cuando el que ejecuta sus actos, creyéndose experto en su destreza, por el simple hecho de tener una posición privilegiada a la hora de tomar las decisiones, las toma sin atender a las consecuencias, sin tener en cuenta los estudios previos de otros expertos en la materia y sin revisar las programaciones que deben servirle de guía para que la consecuencia de sus actos sea el éxito; entonces, entra en una espiral de toma de decisiones erróneas, sobre las que deberá regresar cada vez que se demuestre que son desacertadas, para rectificar sobre ellas, haciendo perder un tiempo valioso al alcance del éxito de las buenas ideas. Es lo que comúnmente califico como “actos embrague”, aquellos en los que el sujeto primero mete la pata, para acto seguido proceder a realizar los cambios pertinentes, con toda la pérdida de ese valioso tiempo que muchas veces va en contra y de ese reconocimiento público que tantas veces cuesta ganar.



miércoles, 23 de octubre de 2013

La educación que damos


Muchas veces me han preguntado sobre cuál fue la causa que propició que decidiera dedicar mi vida laboral a la docencia de adolescentes en un instituto de Enseñanza Secundaria. Siempre he respondido lo mismo: “La bendita culpa fue de mis padres y mis maestros”. He de confesar que desde que tengo conocimiento, me he visto como una persona muy inquieta e interesada en conocer y descubrir cosas nuevas, no importaba la materia que fuera, la meta a alcanzar era aprender. Recuerdo con especial nostalgia todos aquellos momentos, duros y menos duros, en los que sentado en mi pupitre de Maristas, del Chabas o del Trevenque, ejercía mi labor como alumno, entusiasmado por la capacidad que tenían mis maestros y profesores para transmitir todo el conocimiento que su experiencia atesoraba. Es cierto también que no todos los momentos fueron igual de fáciles; pero sí es verdad que siempre pudieron encontrar en mí a un alumno comprometido y respetuoso con la labor que ellos desempeñaban.

En este instante entró en escena otro de los elementos primordiales en la educación de todo joven, la familia. Sin los valores que me inculcaron mis padres desde el primer momento, sé que nada de esto habría sido posible. Analizar su labor como educadores ha sido para mí siempre algo bastante curioso, sobre todo porque siendo novatos en el tema y dejando a un lado manuales, pedagogía y modas educativas, supieron transmitirme un alto nivel de valores humanos y sociales que siguen tan frescos como el primer día; y ahí viene mi sorpresa, sin ningún grito, ni mala palabra, ni amenazas; al contrario, desde el primer día diálogo y explicaciones constantes. Como muchas veces decía mi madre: “A un niño pequeño no hay que amenazarle para que se comporte de una determinada forma, porque tarde o temprano querrá rebelarse; sino que hay que hacerle comprender cuáles son las consecuencias, buenas y malas, de sus actos”. Pero su labor no se queda ahí, su implicación e interés en mi desarrollo académico era patente. Reuniones, tutorías, charlas con otros padres, con profesores, con amigos míos hacía que la labor educativa que desempeñaban en casa tuviera su eco en clase, retroalimentándose hasta engranar la maquinaria de mi vida. Y entonces pasaron los años y hubo que elegir hacia dónde dirigir mi futuro, en el que poco a poco aparecieron inquietudes como la capacidad de servicio público, siempre he creído que no hay mayor satisfacción para una persona que ayudar a mejorar a la sociedad desde tu propio puesto de trabajo. A ésta se unieron el gusto por los contenidos históricos, artísticos y comunicativos que propiciaban el estudio de las asignaturas de Letras. Además aparecieron en mi camino profesores que me enseñaron, que aunque tenían una asignatura donde mis gustos podían verse contentados, su alto nivel de exigencia y justicia para el trabajo de la materia que impartían, la hacía a su vez más atractiva. El siguiente paso era fácil, marcar la meta a alcanzar y luchar por ella. Ahora bien, tuve que atravesar unos años universitarios en los que, aunque excelentes; por fallos en el planteamiento del sistema de formación del personal laboral docente en España, no se instruía al alumnado en labores docentes; sino en labores académicas de investigación sobre la Lengua castellana y su Literatura. Esto pudo hacerme flaquear en algunos momentos; pero lo bueno es que la motivación por desempeñar en un futuro la labor de profesor contrarrestaban los altibajos. El viaje hacia la meta se completaba con un año del curso para la obtención del Certificado de Aptitud Pedagógica (actual Máster), las por algunos temidas oposiciones, y por fin la llegada al instituto.

Llegar a tocar la campana de la meta. Saber que vas a poder desempeñar la responsable labor de educar al futuro de una nación, es una satisfacción inconmensurable. El problema es que entonces, en ese preciso instante de felicidad desatada, uno se encuentra con gente desmotivada, alumnos que no ven que sus inquietudes se satisfagan, docentes que no encuentran más estímulo que el de poseer un sueldo fijo a fin de mes, familias que no se implican en la educación académica de sus hijos e índices de fracaso escolar, absentismo y abandono que harían a más de uno tirarse de los pelos. Entonces, en ese preciso instante te miras al espejo del pasado y recuerdas, en tu ausencia de experiencia docente, querer ser ese profesor ideal que hizo que tú te interesaras por su asignatura, haciéndole comprender a todos los alumnos cuáles son las consecuencias de una buena educación.



miércoles, 9 de octubre de 2013

Menú del día


Hoy me toca comer fuera. Alguna vez que otra, bien por falta de tiempo o bien por romper con la rutina de la comida solitaria en casa, me gusta visitar alguno de los muchos bar-restaurant que pueblan la geografía española, en los que además de disfrutar de viandas y platos caseros de calidad y consistencia contrastada, válidos para saciar el apetito del trabajador español a la hora del almuerzo, y proporcionarle el vigor suficiente para, en muchos casos, poder proseguir con su jornada laboral; sirven para pulsar ese latido de la sociedad tan nuestro a la hora de la comida. La escena quizá les sea conocida. Típico mesón andaluz, suelo con alguna que otra arrugada servilleta de papel, amplia barra de acero inoxidable, y tras ella una muchacha que después de sus horas correspondientes en el instituto, coincidiendo con la hora de la comida, va a echarles una mano a sus padres, dueños del local, para cobrar los menús y preparar los cafés. Mientras, la  madre, con una precisión de reloj suizo, se afana en la cocina en la preparación de los platos; y el padre, con una velocidad pasmosa, se esmera por no perder ni un minuto en hacer que las comidas lleguen ordenadas al respetable. Conjunto digno del mayor galardón en calidad, sincronización y trabajo de equipo, y encima, con un miembro menos, por caerse de la moto. Nada grave, para la vez próxima aprenderá a no hacer el ganso con la dos ruedas por las cuestas.

La zona de las mesas, que en otros sitios recibiría el nombre salón o reservado, dependiendo del precio del cubierto, aquí se utiliza, con su marquesina de madera de separación con el resto del local, para ubicar el comedor a ciertas horas y para recibir a los aficionados al deporte rey a otras tantas, haciéndolo coincidir en todas ellas con un incombustible televisor tamaño pared, cuya programación se alterna entre las noticias o el fútbol. Como no es menos de esperar, es la hora de la comida, y válgame el cielo, tocan noticias. Me siento con la musiquilla del sumario, abre la comparecencia de la ex Ministra socialista Magdalena Álvarez ante la juez Alaya por presuntos delitos de prevaricación y malversación en la investigación de los ERE falsos de la Junta de Andalucía, noticia que se complementa con las nuevas detenciones llevadas a cabo por la Guardia Civil en el marco de la investigación y tras anunciarlo la locutora… ¡zas! Golpe en una de las mesas en las que hay sentados dos señores enfundados en su mono azul electricista. “¡Te lo dije Manolo, que todavía caen más. Ya hasta sindicalistas!” –le espeta uno al otro en tono de indignación y clarividencia–. Parece que un espectáculo de irritación contenida va a dar comienzo en una de las mesas cercanas, y aprovechando que el comedor no está lleno, creo, que entre el tintineo de platos y el bullicio contenido, podré pegar la oreja discretamente a su conversación. Siguiente noticia: La OCDE sitúa a los adultos españoles en el último lugar en competencia matemática y lectora. “¡Ale, encima de que nos roban, somos los más tontos del mundo! Normal, así nos va.” –esta vez no hay golpe, pero el codazo al compañero no falta–. El comentario del resto de las noticias del sumario no levanta tanta expectación en el vecino comensal; parece que con esos dos platos habrá suficiente para comer.

Llega la ampliación de las noticias del sumario y entonces, a sus postres, que coincide casi con la llegada de mi primero comienza un lúcido monólogo digno del mejor sociólogo. Donde le argumenta a Manolo, silencioso éste en todo momento, que tras tanto proclamar la izquierda a los cuatro vientos, que los que robaban en España eran los “señoricos” y que Andalucía estaba tan atrasada a causa de que las políticas de izquierdas las tumbaban en Madrid los gobiernos de derechas, a él ya se le ha caído la venda. Que de siempre su familia había sido socialista; pero que tras ver cómo dejó el país “el de las cejas”, cambió su voto; y que ahora que se está descubriendo todo lo que han hecho en Andalucía, no se lo pensará para las próximas. Que quizá hayan cambiado de presidente los socialistas, pero que ha leído por ahí que lo hace para que no lo pillen y lo meta en el trullo esa jueza que los tiene bien puestos, y que si él fuera ella andaría con cuidado, porque aquí en Andalucía los bandoleros ya no van con caballo ni trabuco, sino con coche oficial y traje. Y que ya está bien de que haya tontos en esta tierra, que la política no es como el fútbol, del Madrid o del Barsa hasta la muerte; que lo que tienen que hacer los jóvenes es estudiar para que no los engañen; y si la educación no da resultado, entonces que la cambien; a no ser que no quieran porque así es más fácil de manejar al personal. Es curioso el discurso que se está marcando y en mi embeleso por prestarle atención, intentando éste buscar al camarero se ha percatado de que lo estaba escuchando, y ante su atenta mirada me dirige unas palabras: “Y usted, que me han dicho que es maestro, porque en un pueblo tan chico todos nos conocemos, luche porque los jóvenes salgan con una buena educación”. Ante lo que yo, orgulloso de sus palabras y ni corto ni perezoso, dirijo dos dedos de mi mano a mi frente, a modo de saludo y le respondo: “Amén”.



miércoles, 19 de junio de 2013

Un mundo más cercano


Aún recuerdo aquel instante preciso cuando, rondando yo esa edad que sirve de tránsito de la educación primaria a la secundaria, descubrí que en nuestro país hubo una época pretérita, y no tan lejana de mi presente, en el que la posibilidad de reunirse libremente en medio de la calle o conversar de manera distendida con cualquiera, acerca del tema que su libre albedrío eligiese, estaba prohibido. Puedo rememorar las preguntas que pude formularle a mi profesor en Maristas y a mis padres al llegar a casa en el momento en el que descubrí aquello; y puedo traer a mi presente más inmediato esa inquietud al desvelárseme, en ambos casos, que la causa de aquella falta de actividades que yo veía normales y justas, y que practicaba de forma diaria con mis amigos en ese gran terreno de juego que eran las calles de mis ciudades de la infancia, se debía a la ausencia de esa libertad que sí nos otorgaba la Constitución Española de 1978 en sus artículos 20º y 21º. “¿No había libertad? ¿La gente no se podía reunir cuándo, dónde y con quién quisiera, a hablar de lo que le diera la gana? ¡Pues vaya un aburrimiento!”

Desde la óptica de un muchacho que cuyas metas por aquel entonces eran obtener la máxima nota en cualquier examen, terminar el primero en hacer los deberes, jugar al baloncesto con los amigos, vivir nuevas aventuras en esos libros que pululaban por casa o descubrir el mundo natural que le rodeaba, podía ser un aburrimiento; pero la verdad que conforme iba creciendo y conociendo más aquella época, más injusto me parecía que alguna vez pudiera haberse dado en mi país un comportamiento así. ¿Qué de malo podía haber en que varias personas se reunieran para hablar de lo que fuera? Con el tiempo descubrí que el miedo podía radicar en los propios gobernantes, que dictaban leyes para el pueblo –pero  sin el pueblo–, y en el temor de que una masa de ciudadanos pudiera arrebatarles ese poder que ostentaban. Por lo que me puse a indagar en ese texto que nos otorgaba aquellas leyes que nos permitía hacer cosas que nuestros antepasados no osaban ni imaginar. Y así fue como descubrí la libertad que tenían los ciudadanos de participar de asuntos públicos, los trabajadores de ir a la huelga, descubrí también que cualquier persona no podía juzgar a otra por su ideología ni por su creencia religiosa, o que nadie podía privar de la libertad a nadie y que la seguridad de todos nosotros estaba a salvo, así como nuestro derecho a la vida y a la integridad física o moral y a establecer libremente nuestra residencia o a circular por cualquier parte de nuestro país, ¡faltaría más! Eran cosas tan obvias… quizá muchas de ellas ya existieran; pero ahí estaban en ese libro de leyes supremo que rige la existencia de nuestro país. Sería injusto no obedecerlo o que no se hicieran cumplir. Pues sí, me equivocaba. Conforme fui creciendo, madurando y dándome cuenta del mundo que me rodeaba me topé con una realidad en la que había gente que era capaz de asesinar por pensar diferente, de prejuzgar a individuos por pertenecer a una ideología o creencia religiosa distinta a la suya, a secuestrar por desempeñar una labor profesional determinada, a impedir que personas que querían vivir en aquella tierra donde tenían sus raíces pudieran hacerlo teniendo que emigrar, a llevar hasta las máximas consecuencias de terror e intolerancia ciudadana la idea de que o era su forma de ver las cosas la que prevalecía o no habría vuelta de hoja.

Con el paso de los años esta situación fue cambiando y apaciguándose; aunque aún siga existiendo cierto resquemor. El problema es que esa intolerancia mencionada no ha sido eliminada; sino sustituida en sus actantes, sociales e ideológicos, por nuevos personajes con nuevas banderas que aparecen para intentar hacer el mismo daño en las instituciones públicas con sus actos y palabras, escudándose a su vez en esa libertad que les garantiza nuestra Carta Magna. El problema es que nunca entendieron que en nuestra Constitución, al igual que hay un apartado de derechos, existe también el de obligaciones. No entender que en un mundo globalizado, en que ha quedado descubierto que todo lo que nos dijeron del capitalismo y el comunismo era verdad y mentira, eliminar la capacidad para dialogar y llegar al consenso con la simple meta de hacer de este mundo un lugar mejor, es privar a una civilización entera de todas aquellas ventanas comunicativas que nos abren los avances tecnológicos del siglo XXI.



miércoles, 8 de mayo de 2013

En la cuerda floja



El pasado lunes pudimos asistir a una de esas jornadas que los romanos calificaban como dies horribilis, uno de esos días en que quienes lo sufren una vez pasado, al reflexionar sobre el mismo –si lo hacen, claro– expresan aliviados resignadas peroratas sintetizadas en el manido argumento de que no deberían haberse levantado de la cama al sonar el despertador. Es como si a partir de esa llamada que iniciaba un nuevo día se hubiera desatado la mayor de las tormentas imaginables, como si el rasgar la hoja del calendario de la jornada anterior hubiera actuado como catalizador, alineando todos los planetas en contra de la ya maltrecha y zozobrante nave socialista.

Y es que todo comenzó a raíz de que a Alfredo se le pasara por la cabeza la ingenua idea de que, dado que España había gastado 40.000 millones de euros de los 100.000 millones solicitados a Europa del Mecanismo Europeo de Estabilidad para la banca española, y que de ese montante total sobraban aún 60.000 millones por gastar; se crease un Plan de Reactivación Económica utilizando la mitad del sobrante (30.000 millones) para que fluyera el crédito entre las pymes y para que las familias pudieran renegociar sus hipotecas. Medida quizá acertada para momentos en los que las encuestas no les son favorables, populista podríamos denominarla; pero que nos resucitaría el fantasma del intervencionismo del estado, acercándonos a fechas en las que los hombres de negro estuvieron a punto de cruzar la frontera. La pregunta es ¿y cómo repartiría el dinero? ¿Quizá llevando a cabo una política parecida a la del cheque-bebé? Si algo no necesita nuestro país es volver a caer en los errores que durante la etapa del ejecutivo de Rodríguez Zapatero propiciaron la situación tan dificultosa por la que deambuló nuestro país. ¿Cómo se iban a pagar entonces los intereses de dicho préstamo? ¿Con otro préstamo? ¿Quién confiaría en nosotros? Dudo mucho que Europa o EEUU dieran el visto bueno. Y así fue como se desencadenó el desastre, dado que en apenas cuatro horas, desde Bruselas se anunció que el Plan Rubalcaba era inviable.

Este parece que fue el movimiento sísmico que trastocó toda la jornada, propagando su ola expansiva por toda la geografía nacional, propiciando diversas noticias donde el epicentro era siempre el Partido Socialista. Y así pasó horas más tarde, apareciendo en los medios Beatriz Talegón, aquella que en su día echó una regañina (o moralina) durante el Consejo de la Internacional Socialista por hacer la revolución desde un hotel de 5 estrellas, y que en el día de autos planteaba que detrás del movimiento 15M podía estar la derecha. Quizá en este caso su discurso estuviera invadido por el hemisferio derecho, propio de las actividades inconscientes, o quizá le invadieran a ella las ganas de posicionarse en la carrera a las primarias. Sea como fuere, si a sucesión socialista nos referimos, una de las candidatas, Carme Chacón, tuvo en tal jornada su momento de gloria; puesto que reprendió, vía misiva, al PSC y a Pere Navarro por acudir a la ‘Cumbre por el Derecho a Decidir’ de los nacionalistas, no sentándole bien a éste y creando más división si cabe entre ambas federaciones; aunque después de la Cumbre Pere Navarro se mostró preocupado y decepcionado por la actitud de Artur Mas, convirtiéndose su reacción en mofa de propios y extraños. Tal vez él se esperaba otra reacción del líder independentista. Y por último, la reacción del Presidente de los socialistas, José Antonio Griñán, quien para rematar la faena y crear unidad de partido añadió que veía en Andalucía posibles candidatos a liderar el PSOE iguales o mejores a los que habían salido. Ante lo que hay que matizar que tal y como se encuentran los socialistas en tierras andaluzas, a merced de Izquierda Unida y zarandeado por los ERE, no sé sabe si el candidato será igual o mejor; pero lo que no parece es que vaya a alejar a su partido de esa cuerda floja, pendiente de dar el traspié.



miércoles, 17 de abril de 2013

Siniestra Corneja



Muchos días, al arrullo de las tardes tranquilas que pueblan la primavera, suelo recordar aquellas clases de Literatura Medieval donde me explicaban, entre otras curiosidades, como en dicha época cualquier signo de la naturaleza solía ser interpretado, dado el alto nivel de superstición que imperaba en dicha sociedad, como una señal o pronóstico de un hecho futuro. Vienen a enlazar con tales recuerdos de mi memoria, los versos del comienzo del Cantar de Mío Cid en el que se narra que Rodrigo Díaz junto con su mesnada, a la salida de Vivar tuvieron la corneja diestra, y a la entrada de Burgos tuviéronla siniestra. Este volar de aves, dependiendo de la zona en la que el pájaro lo hacía, presagiaba, en el lado derecho, que los hechos futuros iban a ser propicios; mientras que si el volar se realizaba por la parte izquierda, era símbolo de mal agüero. Y es que en aquella época hasta el vuelo o el canto de las aves servía, como os comentaba, para presagiar el devenir del futuro.

Pero los tiempos han cambiado y aunque, todavía continúa habiendo mucha gente en la que el nivel de superstición alcanza cotas inusitadas, lo normal suele ser dilucidar el futuro por otros medios, como el razonamiento lógico; pese a que siga imperando en el tiempo por venir su carácter impredecible. Ahora bien, es verdad que últimamente, en lo que podríamos denominar como modernos pájaros de mal agüero; nos encontramos, en ciertas personas y actos, con esos indicios que vaticinan siniestros acontecimientos imaginables. ¡Y qué casualidad! Son en este caso pájaros que se agrupan en bandada por el ala izquierda de las ideas, donde anidan y desde donde se abaten rasantes e ideologizados contra todo aquel que no vuele por su corriente. Y no es ya que se conviertan en oráculos de suposiciones que declinan hacia un futuro; sino que tejen el presente a su antojo para así, con el devenir del tiempo, tender esas redes nada casuales, con las que atacar al contrario y seguir manejándolo todo caprichosamente. Aún podemos recordar cuántas veces se les indicó desde el ala opuesta, que las acciones que acometían no llevaban a buen puerto, y pese a que se dieron varias veces de bruces con la realidad más atroz, seguían aventurándose ya por inercia a aplicar esa “política del embrague” consistente en meter la pata en primer lugar, para luego, con afán de ganar tiempo de cara a las elecciones, realizar los cambios que fuesen oportunos, maquillando en lo posible el estropicio realizado.

La gran política, y menos en los tiempos que corren, no necesita de experimentos con los que contentar al "cortoplacismo" de unos resultados electorales que perpetúe en el poder a un dilatado tiempo impedidor del destape de ese truco, con trampa y cartón argumentativa, sobre el que construyeron una falsa realidad, endeble como la vida de una burbuja de jabón. La política en nuestro tiempo necesita de ese dirigir la mirada hacia el futuro prometedor que podemos y debemos alcanzar, dejando bien claro qué es lo que dejamos atrás y a quién se debe la actual situación. Dado que el olvido del origen de esta historia reciente, podría llevar a la sociedad a dejarse guiar por el vuelo de esos pájaros de mal agüero, o peor aún, depositar su confianza en aquel que diga que un pájaro le silbó al oído las recetas del éxito para el futuro.